"Quiero contarles una buena historiala de una chica que vivió la euforia, de ser parte del rock
tomando té de peperina."
Más de una vez, con el té entre las manos, los ojos entrecerrados, escuchando acordes de buenas violas, recostado en sillones con personitas con gafas negras a las 4 am. Esa noche de sábado, sin embargo, no le pertenecía a la peperina ni a los ecos del sonido dulce; hombres suburbanos y viejas bien locas sacudiéndose en pisos a medio vomitar, expulsando sus demonios mediante espasmos en oferta.
"Y dentro de su cuento ella era cenicienta, su príncipe era un hippie de los años sesenta
te amo, te odio, dame más"
Danzas blancas y negras, pocos grises. Cuantas polleras a cuadros y gorras deportivas. Vasos de plástico y demasiadas botellas de birra en el piso. Gentecita festejando el santo placebo de los fines de semana y el sistema brindando en la mesa de atrás, levanta su copa en pos de nuestras vendas siglo XXI en los ojos de siempre... porque es así muchachxs, cuando los pastores se percatan de que las ovejas pueden manotear las rejas, deciden aumentar la ración de pasto, mientras tanto pueden seguir chupando el más caro champagne en el bar más podrido de la Capital.
"Trabaja en los recitales, vive escribiendo postales,
duerme con los visitantes y juega con los locales
su cuerpo tiene pegada, grasa de las capitales"
Porque nos bancamos la pesadilla a cambio de unos ratos de ensueño, porque nos garchamos en telos de cartón pintado a mano, pagamos con efectivo y nos despedimos en la parada del bondi. Porque nos amamos con los manos atadas y nos damos besos por celular. Cuanta peperina al pedo, che.
"Te amo, te odio, dame más, te amo, te odio, dame más.
Te amo, te odio, dame más"





