"Dejame vivir este sueño, que delirioUna flor, una flor
Otra flor"
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Un manojo de días para el olvido, contraindicaciones de un soneto que no fue, letras que se suicidan antes que pueda saludarlas. Esos lunes que duelen en la cumbre de las terminales nerviosas, esos días que te levantás con la garganta en las manos y la espalda en las rodillas. Un panqueque de sentimientos y con pocas condiciones de ganar el partido en el que todos buscan faulear.
Escuché por ahí, con argumentos científicos (sí, el positivismo en la sala puede pararse), que las personitas pertenecientes al género humano tienen, cada tanto, unos días donde nada puede salirles bien. Somos presos cada cierto espacio temporal de una conjunción tanática y torturadora que nos oprime los sesos y el cuerpo contra una pared transparente, donde nuestra "energía" física, psíquica, creativa, sentimental está al ras del piso.
"Al soltar mi cuerpo en remolinos, resplandor
Otra flor"
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Hay veces que no nos queda otra que sentarnos en la vereda de casa y esperar que deje de llover.
"Florecer mirandote a los ojos, perfeccion
Florecer los dos, florecer"