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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Swadeshi - [Parte primera]




I

La hondonada. Llegar al valle.
Habíamos caminado bastante. Teníamos sed.

Enceguecidos por la promesa, no habíamos bebido durante el trayecto.

Convertirnos en mujeres y en hombres. En humanos.
Derramarnos en aquello.
Aquello inevitable

Pero, la garganta de la montaña no fue como pensábamos. Moríamos de sed, buscando apaciguarla. Aparentábamos estar satisfechos: aquella era la forma de comportarse.

Leíamos sobre aquellos que se habían negado a la sumisión. Colgábamos sus fotos en nuestras paredes, como si los ojos de los que ya no están hubieran podido marcarnos un camino posible.

Bebíamos gotas de rocío, de las hojas cercanas. Nos decían que sólo eso era lo permitido.

-“Siempre ha sido así”-
-“Siempre”-

 .

II

Quizás sólo seamos un espacio rico, arena suave en donde es posible trazar dibujos con la rama de un árbol. Una posibilidad.

Bailar, hasta que la luna se encienda.
Recordar la primera estrofa.
Abrir la boca al escuchar, aquel canto que provoca un eco en quien lo lee.

Un eco.
Un eco, un eco.

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.:.

lunes, 26 de agosto de 2013

El límite es la delgada cuerda que sostiene al tablero - [1era parte]




I

La razón infinita de no tener razón.
Porque, ¡quién necesita tal cosa!


Es que, ¿es posible elegir la velocidad a la que las uñas crecen?
¿Es posible decidir sobre el peso de un sentimiento?



A veces me pregunto, si es que hemos convertido a la conciencia en esto.
Si es que somos un género de animales mentales en base a un equívoco.

A veces me pregunto, si es que podríamos ser de otra forma.



II

Como el buen jugador de ajedrez, que no juega contra otro, sino contra la representación de todos los juegos que hubieron existido, contra todos los que se han dejado constancia -en los libros, en los sistemas de información, en su cabeza-.

Así, como aquel jugador enfrenta a todos los jugadores invisibles que ya no están allí, nosotros nos enfrentamos a todo un mundo que nos precede. A todas, nos enfrentamos: a cada una de las jugadas de aquellos jugadores que ya no están. Esos caminos trazados a trocha gruesa sobre un suelo que tenemos que seguir o, al menos, mirar de reojo.

Antes de mover la pieza lo pensamos unas cuantas veces. Luego de moverla, en la cuenta caemos: la pieza se ha movido, sí, pero dentro del tablero propuesto. No nos hemos siquiera acercado a su límite, al fondo del juego.

Hay poco aire, dentro de la cuadrícula.
Debemos jugar de otro modo.

Provocar que las piezas se encastren entre sí.
Que tomen un peso específico diferente.

Hacer implosionar al tablero.
Quebrarlo por su mitad.
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miércoles, 15 de mayo de 2013

Sobre la libertad




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 I - [Hierbas]


Oía crecer las hierbas y el pasto.
Las hojas decían, gritaban,

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"Todo eso que no dimos.
Todo eso que perdimos.
Nos hace hoy".
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Y, hube de responderles, entonces,

Quiero que me abracen todas esas ramas,
¡Esas que ya no están!

Todas.
¡Todas ellas!
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II - [Rejas]

Y, las rejas crecen.

Todas, ¡todas ellas!

Las barreras humanas se extienden. En barro de metal, se erigen.
Y, moldeadas son, por las manos que luego habrán de encadenarse a ellas

¡El presagio fue aquel encierro! 
Aquel, el del primer pájaro que hubo de confinarse dentro de una jaula improvisada.

Luego, los animales más grandes sufrieron el mismo (mal) trato.  Empujar a personas detrás de los barrotes, fue un trámite del tiempo. Y, hoy día, el paso antes del acantilado: encerrarnos a nosotros mismos.

Encerrarnos por miedo.
O, por algo así.
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III - [Alas]

Y, ¡qué difícil hemos vuelto el ser libre! Ya no sabemos bien, qué significa aquello.

¿Qué significa aquello?
Nos han cortado las alas desde niños.

Y, cuando ellas vuelven a brotar por encima de nuestra piel, efectuamos el acto inerte, eso que nos han enseñado desde amebitas humanas: nos cortamos las alas, ¡nosotros mismos lo hacemos!

Como las uñas, como el pelo; tomamos una tijera, un buen pretexto, un sentido común o un cuchillo tramontina, y seccionamos los brotes con urgencia. Volcamos los restos en una bolsa de plástico, que luego acomodamos junto a toda la basura que hemos generado durante el día.
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IV - [Manifesto]



Soy la luz, que juega entre las sombras.

Soy la luz que juega entre la dureza
de un mundo que hemos construido
a lijazos.
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