Mostrando entradas con la etiqueta desplega las alas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desplega las alas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de mayo de 2013

Sobre la libertad




.

 I - [Hierbas]


Oía crecer las hierbas y el pasto.
Las hojas decían, gritaban,

.
"Todo eso que no dimos.
Todo eso que perdimos.
Nos hace hoy".
.


Y, hube de responderles, entonces,

Quiero que me abracen todas esas ramas,
¡Esas que ya no están!

Todas.
¡Todas ellas!
.

II - [Rejas]

Y, las rejas crecen.

Todas, ¡todas ellas!

Las barreras humanas se extienden. En barro de metal, se erigen.
Y, moldeadas son, por las manos que luego habrán de encadenarse a ellas

¡El presagio fue aquel encierro! 
Aquel, el del primer pájaro que hubo de confinarse dentro de una jaula improvisada.

Luego, los animales más grandes sufrieron el mismo (mal) trato.  Empujar a personas detrás de los barrotes, fue un trámite del tiempo. Y, hoy día, el paso antes del acantilado: encerrarnos a nosotros mismos.

Encerrarnos por miedo.
O, por algo así.
.

III - [Alas]

Y, ¡qué difícil hemos vuelto el ser libre! Ya no sabemos bien, qué significa aquello.

¿Qué significa aquello?
Nos han cortado las alas desde niños.

Y, cuando ellas vuelven a brotar por encima de nuestra piel, efectuamos el acto inerte, eso que nos han enseñado desde amebitas humanas: nos cortamos las alas, ¡nosotros mismos lo hacemos!

Como las uñas, como el pelo; tomamos una tijera, un buen pretexto, un sentido común o un cuchillo tramontina, y seccionamos los brotes con urgencia. Volcamos los restos en una bolsa de plástico, que luego acomodamos junto a toda la basura que hemos generado durante el día.
.

IV - [Manifesto]



Soy la luz, que juega entre las sombras.

Soy la luz que juega entre la dureza
de un mundo que hemos construido
a lijazos.
.
.
.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Aquí tengo el hilo que salva mi día





Un bramido, 
un grito,
 para no olvidarlo.













I

¿Cuántos de todos nosotros, pequeños seres de polvo, queremos, en verdad, esta vida?

Piénsenlo, en serio.

¿Habrá un porcentaje importante o, por el contrario, seremos una minoría?  Y, ¿si somos una "minoría", deberían subrayar nuestros derechos, así como lo hacen con los derechos de los indios, de los negros, de las mujeres y los niños?

Quizás, pensamos que todas las personas dibujan una aceptación de lo vivido en su rostro. O, pensamos que -al menos- lo intentan. Y, pues, nos conformamos con ese juicio.

Un día, rasgamos un poco aquel juicio improvisado; quizás todos aceptan -sí-, pero por necesidad lo hacen. Como en esos días de lluvia y humedad, en los que tenemos que frotar la mano contra el vidrio empañado del colectivo, para poder entender mínimamente en dónde estamos. Pedimos permiso al que está sentado a nuestro frente, sonreímos y quizás nos devuelven la mirada. Rasgamos la película de agua condensada e intentamos alejar del vidrio nuestro punto de vista,

"No se ve nada", nos mencionan.
"No, no se ve nada", respondemos.
Nos sonríen, quizás nos sonríen. Y bajan la mirada.

Y, una vez que creemos saber dónde estamos, calculamos en silencio y pensamos en bajarnos del colectivo luego de,
.
dos-
tres-
¡cuatro!,
.
paradas más.

Y, entonces, el pensar en tocar un timbre para que nos abran una puerta.

Nos acercamos al lugar indicado para el descenso y el único que grita es el timbre, atroz ironía: cuando por dentro todos gritando están en silencio, un timbre es el único que puede hablar.



II

Dentro de la caja de madera en la que guardo los utensilios para coser -hilos, agujas, telas, alfileres- también descansa una gran tijera de metal, que ocupa bastante espacio dentro la caja.

Cuando corto un retazo de tela con la gran tijera, el sonido que ella hace al morderlo se parece al graznido de un gorrión. Se asemeja al canto de un gorrión posado sobre la punta del corte.

Y, el retazo de tela se extiende hacia mi mano. Me envuelve su entramado de hilos. Somos pedacitos, trozos que algo o alguien, una vez, jugó a cortar. Soy un recorte irregular, de un ovillo deshilachado. Soy un gorrión sobre la punta del filo, soy el ave cantándole a los retazos. Soy un gorrión que se despide antes de volar.

Pero, ¡momento! Aquí tengo el hilo que salva mi día.
Tengo aquí al sol que da la luz por sobre la cual, trazo mi aguja.
Me enhebro en la luz del sol, clavo la punta sobre la cara lóbrega de la luna,
y vuelo hacia el otro lado de la tela.

-La vida son los detalles- me dijeron una vez, y lo creí.
La vida de todos aquellos que pensamos conocer, a veces esconden -como un eclipse- sombras impensadas. Detalles impensados. Cifras que niegan la ecuación.

Y, lo he aprendido, ahogado en las sombras.
Y, todo aquello que aprendo, lo grito para no olvidarlo,
¡Cualquier camino, en soledad, pesa el doble!

[Un bramido, un grito, para no olvidarlo.]

Soy un gorrión, sobre la punta de una tijera.
.
.
.