Es así, Freddie - http://www.youtube.com/watch?v=YFwOe0EPOJsLas escaleras, espiraladas, vueltas daban hacia arriba. Peldaños genuflexos, arrodillados sobre sí mismos; pequeños saltos de rana, cortitos, podían acercarte al primer piso en unos cuantos segundos. La planta superior de la casa mostraba unos troncos finos alargados que laburaban de piso dibujando un pasillo estrecho; había además una puerta y una habitación, que no era la de él.
Algo había en su cabeza, era un atisbo que una vez hubo de estar. Era algo que habría de quedarse allí, en el bocho del muchachito, que no habría de irse. Entraron a la pieza, que rebosaba en el despilfarro de cotidianeidad de una pareja amiga. Esta parejita estaba lejos, su cama saturada de sus cosas y él, y ella, sin ropa. Antes de revolcarse, inspeccionaron las sábanas: él encontró una bombacha huérfana de una flaca, decidió que lo mejor era hacerla a un costado con cuidado, envolviéndola en una remera que descansaba en el piso de madera. Ella desparramó unos libros y unas camperas. Se desplomaron sobre la espuma de algodón cuando la superficie hubo de merecerlo.
Lo usual. Sexo, lindo sexo. Ida y vuelta. Arriba y abajo, esas cosas. Un rato antes del acabose, ella a los ojos lo miró y le dictó sentencia:
- “No me pegues, no me hables, no me olvides”- .
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El pibe acató. Dicen que se vieron ocasionalmente unas veces más. Fue una historia de vasallaje que nadie hubo de pagar. Ella malgastó un viaje, no mucho más que eso. Y él perdió, también: aprendió que la vida es, muchas veces, más que un párrafo para enmarcar.





