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viernes, 21 de agosto de 2009

Orbe

!--> http://www.youtube.com/watch?v=mdfFFH4jH5Q

El grajo te mordisquea el intestino. La sinceridad te apunta a la sospecha, la desgaja lentamente, le dicta al oído el himno de contraluz. Es que las vacaciones de la angustia se acortaron y la cruzaste a la guachita en el zaguán de casa. Sus valijas desperdigadas por el cordón del asfalto, el equipaje que habías deseado no volver a ver, la aflicción en primera fila.

“I know your deepest, secret fear”

Es que ser parte de la población económicamente activa, no es sopa de gallina. Laburar el tercio del día para llenar las tripitas de algo, encamarse bastante y morir de a ratos. Eso de andar convirtiéndonos en responsables, casi sin darnos cuenta, es un cross a la mandíbula. El sosiego de la angustia, en versión larga vida.

Pero dicen que todo es más simple, si. La adolescencia colectiva, entonces. - “Quien quiere ser adulto en un mundo de pendejos”-, balbuceás, con el rostro apoyado en la explanada de la cintura de la nena de paso. Jugar a la masturbación en masa, vía TV o Interné, el fetichismo de la merca, las redes sociales y el redoblante en la jeta de lo que no somos.

“I'm a spy in the house of love”

Buscar, entonces, acaparar un instante de lo que fuiste, robar una molécula de lo que vas a enjuagar, beber de allí como de una cantimplora en el desierto del ser, sobrevivir al orbe y a la angustia peregrina que moja la cama de gusto. Esto de ser un espía de la existencia, a tiempo completo, te deja sin lupa.