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jueves, 12 de noviembre de 2009

La mosca de la fruta y el vacío

Siempre lo fui -> http://www.youtube.com/watch?v=W70YiEVc69I


“Howard tenía los ojos abiertos y brillantes y alerta. Los pulmones y el corazón tal vez ya se hubieran detenido, pero los nervios ópticos seguían enviando mensajes a un cerebro que, como dicen los que entienden, no se apaga inmediatamente. De manera que, en el final, nos miramos fijamente a los ojos uno al otro” – Gore Vidal

Algo te molestaba, te perturbaba. Sentados, uno frente al otro, una mesa chingada de un bar. Hubo de enroscarse entonces algo en tu ojo, entre las pestañas, como intentando abrir el párpado. Acercaste la mano con delicadeza, siempre hacías todo de esa manera, arrimaste el índice y el pulgar a la persiana ocular. Con la punta de los dedos tomaste a la minúscula mosquita de la fruta que se abría paso al iris, macheteando con las patas, aleteando desvastada, abatida. Besó entonces, el bichito, la punta de tus uñas, implorando buenos jugos de manzanas maduras.

Me miraste y entonces dijiste: –¿Ves?, la vida es esto – creo, si. Creo que fue lo que dijiste.

Mordiste tu labio inferior, saliva densa rebosaba por la comisura, un estoico chorrito de baba me saludaba atento. Apretaste los dedos, revolviste las yemas un poco entre sí, convirtiendo al insecto en una masa blanda y negra, un filamento de oscura plastilina, transformando vida en vacío.
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"A estos hombres tristes, por favor no dejen de amar"

Estaba yo ahí, pero ya no estaba. Pagué, saludé, me fui.