Martin Luther bajaba, agitado, las escaleras. Derrapó en la esquina de la calle Memphis, le garroneó un Clarín con un gesto cómplice al canillita y pintó para el primer bar que vió abierto de gambas. Un café con leche humeante a su lado le convidaba calor a su sonrisa: - " We could"- se dijo a si mismo y se mandó de un trago la bebida de semilla tostada. Obama entró al bar con los bolsillos llenos de esperanzas, cayéndose un par en el camino y se inclinó en la silla enfrente de Martin.
"Por favor no hagas promesas sobre el bidet, por favor no me abras más los sobres"
La crisis se empapaba la cara con agua del tercer mundito en el baño del bar. Aspira el polvo más blanco, el hueso molido de los explotados y se sienta en su mesa; se traga entera la aceituna mas linda, con el carozo arañando su paladar. Relojea el diario de King y le escupe a su trola de turno - "Yo a estos negros me los voy a comer crudos, me los voy" -, la rubia le toca la entrepierna y lo hace callar.
"Porque me tratas tan bien, me tratas tan mal, si sabés que no aprendí a vivir"
Como siempre, inoportuno, mi cuerpo se arrastra en el bar a medio cocinar, rastreando labios perdidos que olvidé como acariciaban. Me siento en la mesa que dá hacia la ventana y veo a la crisis putearse con MLK, casi a las manos los muchachos. El Senator Obama los separaba con vehemencia: - "Habrá derechos para vos y guita para ud, yes, we can"- cantaba a medio gritar. Después de los confites, se pusieron los pantalones y se las tomaron del barcito. El mozo tecletea unos garabatos y me deja la cuenta en mi mesa: - "Es así pibe, sean demócratas ó republicanos, blancos ó negros, al tercer mundo se lo curten igual. Pagale los tragos al first world y tomátelas".
"Calambres en el alma, cada cual tiene un trip en el bocho
difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo"