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miércoles, 1 de julio de 2009

La sucesión de Fibonacci

Algunos podrían, decir ---> http://www.youtube.com/watch?v=4fLR3FRaFsQ


La nada misma. Una mujer. Un hombre. Amor barroco de dos personas. Los terceros en discordia que tocan siempre la persiana sin despertar a las hormigas. Cinco veces decir que no, antes de tragarse los molares sin tiza.

“Some might say, we will find a brighter day”

La comodidad por exceso, esa miseria antropomórfica, la promesa que ya nadie exige, la cabeza despeinada, las zapatillas sin cordones; la muerte se nos disfraza de confort. El aire acondicionado que te mima sin pullover y cultiva bichitos en caldo espeso, justo estas tardes frías, en las que la emergencia sanitaria juega a hacerse hombre. Curtir, entonces, la austeridad de cariño, usar bolsas de cartón reciclado y no las de plástico, chamuyar víveres que muchos no pueden morder.

“The sink is full of fishes, she got dirty dishes on the brain.”

Sorteamos el miedo sanitario-social y subimos por la escalerita en espiral. Nos arrimamos a la verde terraza de tu espacio, dejamos el último escalón sin patear. Una es la cabeza y uno el cuello. Los brazos son dos y en tres se dividen: brazo, antebrazo y mano, desembocando, cada palma, en cinco dedos. Pero hoy los pulgares están en estado de anarquía, han migrado a otro cielo: son ocho los fantasmas del harén y pocos los compases que restan de este rock en sol menor, que te suena en el i-pod. Y , detrás de la seda de tu adios, el número de oro que la juega de ángel, dando arcadas con la campera sin abrir.