Locura (de loco): dícese de la privación del juicio o del uso de la razón.
Sube a los tumbos al bondi, masculla algo, mete bastantes monedas en la abertura superior de la maquinita. El 92 dobla en Mario Bravo y este leviatán, un tipo de dos metros de altura, se tambalea y desploma en el asiento contiguo a la ventana. Una campera verde, que perdió hace tiempo el color, un dedo vendado sin ganas, la mirada perdida en su pasado, bolsas de plástico llenas de nimiedades en sus manos. Se baja unas cuantas paradas después.
…”lo que se interpretó por convenciones sociales como locura fue la desviación de la norma (del latín vulgar delirare, de lira ire, que significaba originalmente en la agricultura "desviado del surco recto")”…
Se sube al 67, ahí nomás de Tribunales, siempre que tengo que viajar por ahí. Dicen que perdió todo donde no lo recuerda, que sigue vistiendo el traje que usó en su último día de cordura. Arrastra un olor insoportable en su piel demacrada, emana ahogo en la garganta. Verlo es recordar lo fácil que es convertirse en una piedra en el camino de la normalidad.
“So, what would an angel say? ,cause the devil wants to know.”
Se despierta siempre a la mañana, con el sol en la persiana, a veces un rato antes. Las sábanas, el poster de los Beatles, las paredes, sí, el mundo sigue ahí. Ritual de nuestra rutina con noticiero de la mañana: hora, temperatura y humedad. Un café y algo para masticar. Vestirse. Billetera, monedas, un libro y el mp3 para el viaje, llevar o no campera. Trabajar. Estudiar. Escribir en un blog. Acostumbrarse al amor seco y los psicotrópicos en oferta, arremolinarse en la insania colectiva. Vivir es una pasión inútil: se olvida que la olvidó, los charcos que se hacen río y lo llevan a la puerta de su casa, buscándola, cuando la perdió hace rato.
Sube a los tumbos al bondi, masculla algo, mete bastantes monedas en la abertura superior de la maquinita. El 92 dobla en Mario Bravo y este leviatán, un tipo de dos metros de altura, se tambalea y desploma en el asiento contiguo a la ventana. Una campera verde, que perdió hace tiempo el color, un dedo vendado sin ganas, la mirada perdida en su pasado, bolsas de plástico llenas de nimiedades en sus manos. Se baja unas cuantas paradas después.
…”lo que se interpretó por convenciones sociales como locura fue la desviación de la norma (del latín vulgar delirare, de lira ire, que significaba originalmente en la agricultura "desviado del surco recto")”…
Se sube al 67, ahí nomás de Tribunales, siempre que tengo que viajar por ahí. Dicen que perdió todo donde no lo recuerda, que sigue vistiendo el traje que usó en su último día de cordura. Arrastra un olor insoportable en su piel demacrada, emana ahogo en la garganta. Verlo es recordar lo fácil que es convertirse en una piedra en el camino de la normalidad.
“So, what would an angel say? ,cause the devil wants to know.”
Se despierta siempre a la mañana, con el sol en la persiana, a veces un rato antes. Las sábanas, el poster de los Beatles, las paredes, sí, el mundo sigue ahí. Ritual de nuestra rutina con noticiero de la mañana: hora, temperatura y humedad. Un café y algo para masticar. Vestirse. Billetera, monedas, un libro y el mp3 para el viaje, llevar o no campera. Trabajar. Estudiar. Escribir en un blog. Acostumbrarse al amor seco y los psicotrópicos en oferta, arremolinarse en la insania colectiva. Vivir es una pasión inútil: se olvida que la olvidó, los charcos que se hacen río y lo llevan a la puerta de su casa, buscándola, cuando la perdió hace rato.