Ayer fue un día absolutamente particular.
Caminando sobre el empedrado del parque, entre los árboles, una mujer de unos 20 y pico me miró de una manera que no puedo explicar. Creo que no era un humana, sino un ser trascendental. Desde que posó su mirada sobre mí, comenzaron a suceder cosas extrañas:
A-La lata urbana se detuvo a mis pies frente a la primer mueca tímida q hice con la mano. Creo que me senté antes de mirar a mi alrededor. Viaje placentero.
B- No zafé de los aguijones laborales, ni lo trascendental puede oponerse a ellos, pero pude tomarlo con calma.
C- La vuelta a casa fue genial. Encuentros con personitas q hace tiempo no veía, miradas intensas con pasajeras contemporáneas, llamados con amigos lejanos, reconocer la existencia de una vecina que nunca había visto, pude creer en la posibilidad de un cambio social.
Sin embargo, al cerrar la puerta de casa, sentí algo extraño. A pesar de la bendición trascendental matutina, no había logrado nada, todo seguía siendo igual.
Y entendí que al fin no sucedió nada, porque había sido demasiado.