http://www.youtube.com/watch?v=yb0cO3ljTVMTe habías empalmado una vida agradable. Unas cintas por acá, unos cordeles por allá.
“Una eternidad, esperé este instante”
Levantando del piso los retacitos de la piba, unos segmentos de ella desperdigados por Lanús, una que otra pieza por el Microcentro, unos cachos por el barrio. Jugando a ser el carpintero de mujeres, otra vez, arreglando nenas que otros rompieron. Eras el que cerraba la persiana sin hacer ruido, el que la abrazaba cuando se agitaba entre sueños, el que la peinaba, despeinándola, cuando el viento le sacudía el pelo.
“Come de mí, come de mi carne, entre caníbales”
“Una eternidad, esperé este instante”
Levantando del piso los retacitos de la piba, unos segmentos de ella desperdigados por Lanús, una que otra pieza por el Microcentro, unos cachos por el barrio. Jugando a ser el carpintero de mujeres, otra vez, arreglando nenas que otros rompieron. Eras el que cerraba la persiana sin hacer ruido, el que la abrazaba cuando se agitaba entre sueños, el que la peinaba, despeinándola, cuando el viento le sacudía el pelo.
“Come de mí, come de mi carne, entre caníbales”
Y la transa yiró el rumbo en una maniobra, de tanto que eras potrillo, te domaron sin señuelo. La vida es así, te morfa con doble miga y tomate en cuadraditos. Rifaron tu banquete de tu luz, al calor del otoño, la flexibilización laboral que te toca la puerta – “Sí, adelante, que necesitás” -. El telegrama de despido hecho mujer: te mirás debajo de los talones y ahí estaba, siempre allí estuvo, tu fecha de vencimiento.
“Tomate el tiempo en desmenuzarme”
A la cuenta de tres, tu ángel talibán se inmola dentro tu pecho, en pos de su Dios del Amor. Grita antes de dar el batacazo: - “chau, xajito”- y deja de existir. Reventás en el aire, porque entre caníbales sólo nos sobran los cuchillos.